| Sistemas inteligentes y sus sociedades | Walter Fritz |
Preguntas que surgen
Exploremos qué es lo que un sistema, ya sea natural o artificial, posiblemente puede saber sobre su entorno. Inmediatamente tenemos en mente las siguientes preguntas:
Las fronteras de los sistemas y cómo cruzarlas
La información sobre su entorno no es algo que ocurre espontáneamente dentro del sistema. Más bien, tiene una frontera que limita al sistema de su entorno. Las comunicaciones desde el entorno solamente pueden llegar al sistema cruzando sus fronteras en una parte del sistema que denominamos órgano sensorial.
Organo sensorial
Un órgano sensorial generalmente puede recibir sólo un cierto tipo de estímulo, y por lo tanto, recibir también sólo ciertas especies de comunicaciones desde su entorno. El ojo o una cámara de televisión, por ejemplo, pueden percibir una cierta franja de radiación electromagnética, pero nada más.
Para compensar esta limitación, diferentes órganos sensoriales han evolucionado para poder recibir comunicaciones diferentes. Y, por supuesto, la evolución también ha ayudado a diferentes especies a desarrollarse en forma distinta. Algunos peces, por ejemplo, tienen órganos sensoriales aptos para recibir comunicaciones sobre los campos eléctricos existentes en su entorno. Algunos pájaros pueden sentir los campos magnéticos. Se pueden construir sistemas artificiales que pueden detectar rayos-X.
Limitaciones
Pero en todos los sistemas inteligentes (SI), la cantidad de diferentes tipos de órganos sensoriales que pueden poseer, no es ilimitada: la cantidad está estrictamente limitada. Esto también limita el tipo de comunicación que puede recibir un sistema inteligente, y con esto se limita la información y, por ende, el conocimiento que el sistema puede tener de su entorno.
Por ejemplo, nuestros oídos solamente pueden escuchar algunas pocas octavas del espectro del sonido. Nuestros ojos sólo pueden ver la "luz visible", que abarca menos del 2% del espectro electromagnético conocido. Esto nos limita a usar solamente una parte muy pequeña del total de las comunicaciones disponibles. Nosotros, los humanos, generalmente no podemos imaginarnos, por ejemplo, cuán maravillosas y bellas pueden ser las tonalidades del potencial eléctrico de un paisaje vistas con un órgano sensorial eléctrico. Tampoco podemos entender, cuánto más conocimiento adicional nos podría brindar un sentido eléctrico.
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